No sé si han notado que a muchas parejas que se la viven peleando lo que realmente les gusta es la reconciliación. Es una forma de involucrarse, pero ¿es peligrosa? Son parejas que poco a poco van subiendo de tono, que incluso pueden pelear frente a sus amigos y éstos pueden preocuparse por ellos cuando en realidad sólo buscan satisfacer sus niveles de adrenalina.
Sí, peleando encontraron la fórmula perfecta para decirse cosas que no pueden hablar o resolver de forma directa y adulta. Los gritos, los insultos ahora forman parte de esa emoción que muchas veces hace que tengan increíbles encuentros sexuales, pero que la solución del problema inicial se quede ahí.
En estos casos el sexo puede arreglar todo, desaparecer los insultos y permitir que se perdonen, pero lo que llevó a confrontarlos sigue ahí en la superficie, pero ellos no quieren atender esa diferencias.
Muchas veces no vemos que estamos inmersos en una situación así, también puede ser que una pareja pase por un periodo como este y luego logre retomar sus problemas y resolverlos de forma más realista, pero para eso hace falta mucha madurez.
El sexo en estos casos es un placebo que no deja espacio para las palabras, así que pon tu relación bajo la lupa.
¿Has pasado por una etapa de resolver todo mediante el sexo?
Convivencia sana
Generalmente, cuando las parejas discuten es por dinero, los hijos, sexo y las tareas domésticas. En ocasiones, sólo se trata de una lucha por imponerse sobre el otro y controlar la relación.
No evadas, no lastimes
Cuando una discusión se convierte en pleito, hombres y mujeres tienen dos formas de actuar: huir de la situación o atacar emocionalmente a su 'oponente'. Ambas reacciones son terribles y destructivas para la relación, y es por ello que es imperante evitar caer en el círculo de las peleas interminables.
Busca una pronta solución
Los problemas no resueltos tarde o temprano salen a la luz, y lamentablemente regresan con una pequeña carga de rencor. Si tienen diferencias, resuélvanlas una a una, conforme se vayan presentado.
Pon todo de tu parte
En lugar de culpar al otro del deterioro de la relación, intenta hacer todo lo que esté en tus manos para sacarla a flote. Si a pesar de tus esfuerzos la relación se acaba, no te quedarás con un cargo de conciencia.
Soluciona tu vida
Es común que querramos arreglar la vida de nuestras parejas y que demos consejos que no aplicamos en nosotros mismos. En lugar de eso, haz todo lo posible por tú ser una persona sana mentalmente, pero no trates de imponer tampoco tus pautas de comportamiento.
Pon atención a tu pareja
Si trata de decirte algo, de expresarte cómo se siente con respecto a otro, préstale tu completa atención. Platicar mientras se ve la televisión no es lo mejor para arreglar conflictos. Escucha lo que tenga que decirte. Analiza su punto de vista y trata de ser empático con su sentir.
Consulta a un profesional
Si los problemas te sobrepasan, acércate a un experto. Las terapias existen porque son efectivas para muchas personas, así que no dudes en tomar esta alternativa si deseas salvar tu relación.
Comparte su vida
Aprende a disfrutar sus pasiones. Vislumbra la realización de sus ilusiones. Acompáñalo en sus planes a corto y largo plazo. Bien dicen que "la felicidad compartida es doble felicidad, y el dolor compartido es la mitad de dolor".
Aprende de tus errores
No te claves en la idea del fracaso. Si la relación terminó, analízala a la distancia y procura nunca cometer los mismos errores. Se vale equivocarse, pero no se vale permitirnos fallar una y otra vez en las mismas situaciones.















