Una de las discusiones más frecuentes nace de la vista. De cuando nuestros inocentes ojos se posan en alguna mujer que no es la nuestra y que llama poderosamente nuestra atención.

Son dos segundos, quizá tres los permitidos, uno más puede derivar en gritos o codazos. Apuesto mi quincena que alguno de ustedes ha sido regañado por alguna de las fieles lectoras de esta íntima sección. Ningún ejemplo mejor para explicar la tercera ley de Newton: "A toda acción corresponde una reacción".

Eso no debería ser motivo de enojo, es un acto reflejo, muestra de que estamos vivos. ¿Qué tiene de malo echarle un ojito a una chica que va o viene? Ella no se quedará quieta, seguirá su camino y sólo permanecerá un efímero registro a través de una mirada. Es como ver una nube que se marcha con el viento o una estrella fugaz que se pierde en el firmamento. Son cosas que no se volverán a ver.

El que miremos a otra chica tiene sus ventajas: podemos sugerirles ideas para que se vean a la moda, consejos para que llamen más nuestra atención. Intenten usar un pantalón ajustado, una breve falda o un escote pronunciado, como el de la rubia que camina del otro lado de la acera, o la morena que acaba de entrar al restaurante, o la trigueña a la que se le cayó la servilleta de las piernas.

Si miramos a otro lado es para comparar que la que tenemos al lado es la mejor. Si las escogimos es porque así lo decidimos. Es sólo una revaloración, jamás una comparación.

Chicos, seguro ellas no les creerán, pero el regaño puede atenuarse si al ver a la chica en cuestión les dicen que esa rubia se parece a su prima Laura, o tal mujer que camina por la calle es igualita a una actriz de televisión. "¿Mira, esa chica no es tu prima?" "¿Ya te fijaste?, allá va una mujer idéntica a Paulina Rubio." Así ustedes podrán ver a la dama sin que parezca que sólo querían observar su físico estético.
Ahora, si por alguna milagrosa causa del destino, su pareja no se molesta por que vean a otras, sean discretos y tampoco abusen, no malgasten ese capital, tan raro en el lado femenino.

Razones de la infidelidad

    Infidelidad por sexo:
    Por insatisfacción, por probar algo nuevo o algo distinto, o simplemente porque alguien nos gustó y el instinto es animal. La atracción llega a consumarse y después el fantasma de lo que hicimos o pasó acaba por traicionarnos.

    Aceptación personal:
    Puede ser que en una relación una de las partes haga sentir menos a la otra y esta para mostrar su valía lo haga frente a otra persona para buscar aceptación propia e incluso de la pareja. Pero al final estará usando a un tercero.

    Crisis de la media edad:
    Cuando una pareja ha pasado casi toda su vida adulta junta hay una estrecha complicidad que se puede convertir en infidelidades de ambas partes, muchas veces es para sentirse de nuevo deseado o joven, otras porque la relación ya no es amorosa, si no amistosa.

    Venganza:
    Un sentimiento muy peligroso, seguro herirá a las dos partes. Surge después de que una de las partes se da cuenta, se entera o se lo dice la otra de una infidelidad, el grado de venganza dependerá de la traición. La parte afectada buscará cualquier oportunidad para herir a quien se lo hizo.

    Chantaje:
    Esta forma es mucho más complicada, se da regularmente cuando una de las partes intenta impedir que su actual pareja se entere de algo del pasado. Al final, regularmente se acaba enterando del pasado y de lo que hizo para impedir que lo supiera.

    Affair de oficina:
    El más normal, porque se pasa demasiado tiempo cerca de alguien y de la confianza se da algo más físico, los involucrados creen que nadie lo nota, pero esa química cualquiera la huele y ciertamente termina por ser pública.

    Despedirse de la soltería:
    Hay mucha historias al respecto, tanto de hombres como de mujeres que apunto de casarse arman viajes o salidas con strippers llegando a tener sexo con ellos, lo cual marca un antecedente en la relación o incluso llega a no concretarse.

    Affair en el inter:
    Es cuando la pareja se separa y en medio alguno o ambos buscan calor en otra parte. Esta situación puede acabar definitivamente con la situación o darles una nueva perspectiva de que cómo quieren reiniciar.

    El fortuito:
    Por soledad, desesperación, enojo, ira, frustración o lo que sea, muchas veces se llega a engañar a la pareja como una manera mal dirigida de mostrar esos sentimientos, lo cual agrava cualquier mala situación que se esté pasando.

    Por poder:
    Suele sucederle sobre todo a los hombres, que buscan reconfirmar o demostrar su hombría en la oficina o frente a sus amigos u otros hombres, que se embarca en conquistar a quienes están bajo su mando. Aunque no lo ubica como traición, siente que no tiene nada que ver con su pareja.